Apuntes sobre las marcas

Tras finalizar mis divagaciones sobre la marca, extraje un montón de conclusiones. Algunas lógicas y relacionadas directamente con la marca, derivadas de mis horas de lectura de artículos.

Otras pueden aplicarse perfectamente al ámbito personal puesto que nosotros, todos y cada uno, somos una marca, con nombres y apellidos, pero una marca al fin y al cabo. Recuerdo que hace años una persona allegada me dijo, “eres un talento mal aprovechado”. Se refería lógicamente a la decisión de hacerme autónoma. Y posiblemente tenía razón puesto que “En la marca el valor financiero y el valor social tienen poco que ver”. Y es que en la vida, ser una gran profesional, dedicada y centrada en el trabajo, en la búsqueda continua de la superación no es directamente proporcional a estar forrado. No señores, puede ser al contrario. Puede ser que los valores intangibles ganen a los activos físicos. Puede que uno esté tan preocupado en satisfacer al cliente que olvide el valor financiero de él, o que lo obvie directamente. Y sucede, vaya si sucede. Por ello es necesario compensar los activos físicos con el grado de utilidad de los intangibles de la marca.

Si definimos la marca para el consumidor como el conjunto de sentimientos y emociones relacionadas con ella podré decir que lo que me suele pasar es que mitifico la marca, es decir, al cliente y, como me siento bien con ella, me vinculo e invierto mi tiempo y dinero en ella (la marca) o en él (el cliente).¿Pero no debería ser al contrario?

El segundo enunciado también tiene su miga: “La palabra que mejor define a la marca es la subjetividad”. Uno puede ver en su relación comercial con un cliente la oportunidad de su vida, da igual lo que diga su entorno, da igual la jurisprudencia instalada por el cliente, la marca me convence, me seduce y voy a continuar con ella. Estas situaciones siempre acaban mal. Es como fumar, muchos te dicen que mata pero hasta que no estás en la caja no te conciencias.

La tercera conclusión puede ser aplicada directamente a la vida personal de cada uno de nosotros “el valor financiero sólo se materializa cuando la marca sale a la venta”. Creo que no hay más que decir.
 
La importancia que tiene el valor de nuestra marca en el ámbito profesional igualándola con planes de empresa también puede extrapolarse al día día. Igual de importante es ser que parecer. Quiero decir, que si eres tonta pero pareces lista perfecto, has conseguido engañar no a mucha gente, pero sí a algunos, tan tonta no tendrías que ser. Pero si eres lista y no lo pareces tenemos un verdadero problema. Parecer tonta en los negocios es fácil. Consiste en tener actitud de pobre, apenándose la susodicha de las situaciones precarias de gente que antes vivía en la abundancia obviando por completo que tú jamás has experimentado lo que es llegar holgado a final de mes. Ese es un perfecto ejemplo.
 
Subestimar la marca y la incoherencia en el mensaje es un error común.Para que luego digan que el sentido autocrítico es beneficioso. En la jungla aquellos que esperen dar pena serán devorados por el ego de los demás. Esto podría definirse como una guerra de pavos reales. El que no despliegue las plumas jamás ganará ninguna batalla. Ojalá dieran con el alta en el IAE un manual de cómo pavonearse sin sentirse ridículo.
 
Pero la mayor conclusión que he extraído de todos aquellos autores, que antes que yo, han expresado sus pareceres sobre las marcas, es que uno tiene saber qué va a ser: rojo, amarillo, azul (experto en comunicación, publicidad, web, editorial…), qué mensaje va a transmitir a su consumidor para fidelizarlo (cuidado con decirle “trabajemos juntos”) y qué retorno vamos a recibir de éste cliente, cuya opinión nos determinará para ser lo que somos; o así debería ser…. si queremos caer en la destrucción total. Uno debe saber qué es, qué puede ofrecer y qué espera el consumidor, pero siendo siempre fiel al mensaje establecido, aunque no tengamos
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