Estados de ánimo que dificultan el buen desarrollo de una empresa

Durante estos largos meses de ausencia en el blog me preguntaba como podía haberme quedado sin palabras. Cómo era posible que no tuviera ganas de comunicar.

Cada día, me sentaba en el despacho de la oficina, y miraba por la ventana, una ventana en muchos casos inspiradora puesto que su ubicación, en el centro de la ciudad, la convierte en mirador de historias de vida de cada una de las personas que transitan la calle. Madres con niños, hombres con perros, gente aparcada correctamente que pita desesperadamente al que se encuentra en doble fila…..
Para una persona con una curiosidad acuciada como la mía, mi ventana ha salvado, sino cientas, decenas de historias que pedían a gritos dosis de inspiración. Sin embargo, durante estos dos largos meses mi ventana no entregaba historias interesantes. ¿Por qué?, ¿quizás este clima “raro” avivaba mi situación de apatía y hastio?.
Descubrí con cierto temor que me perdía la inactividad, algo que ya había comprobado con anterioridad. Imposible de asumir y difícil de digerir, este año convertía incluso las jornadas intensivas en largas y tortuosas. Otros años, el verano se convertía en aliado para desarrollar proyectos, crear…. Este año había mutado en una espera infinita de algo, que, sin saber exactamente qué era, sabía que nunca iba a llegar. La reflexión sobre mi estado de ánimo estival radica en tratar de explicar, una vez más, qué son las empresas y en qué se transforman cuando están dirigidas por estados de ánimo. Leyendo el libro de Luis Huete “Construye tu sueño” me confirmé a mi misma en una personalidad latina, una explosión de visceralidad, entusiasmo y fuerza, pero que, en ocasiones y sin control, puede convertirse en una bomba de relojería. Es curioso la sensación que produce mirarse en un espejo por primera vez. Y no es que el libro me descubriera América, pero, la definición de la personalidad latina confirmaba letra por letra los sabores y sinsabores de mi carácter: “Los individuos con una personalidad latina se centran en lo global pero sobresalen por la emotividad y extroversión. Son pasionales, intuitivos, creativos, buenos comunicadores, saben escuchar y están abiertos al cambio, pero suelen ser desorganizados, impulsivos, superficiales a la hora de hacer análisis y exagerados en sus afirmaciones. También tienen dotes para influir en los demás, siendo personas con una buena capacidad empática. Por último, podemos mencionar que les gusta el reconocimiento y quedar bien”. DIOS MIO!! Si esto parece ser la antítesis de un buen líder. Durante mi época de empresaria con empleados a mi cargo descubrí que la empatía, eso que está tan de moda y que denominan “inteligencia emocional” era un arma de doble filo, y bien afilada. Con cierta tendencia a ponerse en el lugar del otro más que en el propio provoca flaco favor a una empresa que lucha por sobrevivir en un mercado roto. En situaciones de coyuntura el egoísmo prima sobre la solidaridad. Para eso está el refrán de sálvese quien pueda. ¿Quiere decir esto que defiendo sistemas de gestión fundamentados en la jerarquía vertical y el líder férreo con mano de hierro? Pues no. Un líder con personas a su cargo debe ser comunicativo, comprensivo, tolerante, transigente, pero también debe ser fuerte, sereno y controlado. Las personas que sólo contamos con lo bueno y no con la “faz más dura” seremos siempre líderes solitarios.
Por ello, y haciendo un esfuerzo fuera de lo común por tomar las riendas de esta situación que, sin control lógicamente no tiene fin, racionalizo si mi empresa es lo suficientemente importante como para cambiar el chip y seguir luchando y si quiero afrontar nuevos retos a pesar de la gente, las caídas, las decepciones y la soledad. Y todo ello me lleva lógicamente a sacar lo mejor de mi personalidad latina y a tirar para adelante.
En resumen: En esta situación de coyuntura en la que nos encontramos, bajar los brazos y no luchar es la opción de muchas de las personas que cierran cada día sus negocios. Y es una opción respetable sin duda. Pero … ¿merece la pena renunciar a los sueños?¿la pérdida es lo suficientemente grande como para dejar atrás todo lo conseguido y lo luchado hasta ahora?. Nuestras empresas son un ente vivo, prolongación de nosotros mismos, con nuestras virtudes, nuestros miedos, nuestras fortalezas y nuestras debilidades. Imposible de desvincular de nuestros estados de ánimo. Por ello, cuando uno lo ve todo como en el anuncio del IKEA “Está todo mal” lo mejor es HACER UNA FIESTA.

 
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